José Pariente 25 años
José Pariente 25 años
José Pariente 25 años
José Pariente 25 años

José Pariente 25 años

25 Años de Crianza en Barrica comienza en 1997, año en el que José Pariente lleva a cabo su última vendimia. Su hija Victoria ha mantenido este vino durante 25 años en barricas, demostrando la capacidad de guarda de la variedad verdejo.

80,00 €
Impuestos incluidos

 

El vino José Pariente 25 Años en Barrica es una pieza muy especial y emotiva en la historia de la bodega, un verdadero tributo a Jose Pariente y su última vendimia.

Historia: Un Legado entre Generaciones

La historia de este vino se remonta a 1997, el año de la última vendimia del propio José Pariente, el viticultor. Tras su fallecimiento, su hija, Victoria Pariente, decide honrar su legado y mantener una parte de esa cosecha de uva Verdejo en barricas de roble. Su objetivo era doble: rendir un homenaje a su padre y demostrar el increíble potencial de guarda de la uva Verdejo, una cualidad a menudo subestimada.

Así, este vino se convierte en un símbolo del paso del tiempo, la paciencia y el vínculo entre las tres generaciones de la familia: José, su hija Victoria, y los hijos de ella, Martina e Ignacio. Tras 25 años de una crianza lenta y cuidadosa, el vino fue finalmente embotellado, convirtiéndose en una edición limitada que celebra el 25 aniversario de la bodega y la visión de su fundador.

Elaboración: Un Proceso Único y Paciente

El proceso de elaboración de este vino es atípico por su extraordinaria longevidad y dedicación:

  1. Selección de la uva: Procede de un único viñedo de 1943, ubicado en el páramo El Portugués, en Rueda. Las uvas de este viñedo viejo, cultivadas en vaso sobre suelos de cantos rodados, son vendimiadas manualmente en el año 1997.

  2. Fermentación y Crianza: La fermentación se produce de forma espontánea en barricas de roble de 500 litros. Lo realmente singular es que, una vez terminada la fermentación, el vino ha permanecido en esas mismas barricas durante 25 años.

  3. Concentración y Evolución: Durante esta larguísima crianza, el vino experimenta una lenta pérdida de agua, lo que provoca un proceso continuo de concentración. Este fenómeno le permite ganar, de forma paulatina, en complejidad, estructura y elegancia, adquiriendo una personalidad y unos matices que solo el tiempo puede otorgar.

El resultado es un vino con un intenso color ámbar, una nariz compleja con notas de frutos secos, especias, hidrocarburos y un fondo mineral, y una boca con cuerpo, glicérica, sabrosa y con una acidez bien integrada. Es un vino de guarda, pensado para disfrutar con calma y para maridar con platos complejos como carnes rojas, caza, guisos o quesos curados.

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